Aunque inducción y onboarding son dos procesos relacionados en la integración de nuevos colaboradores en una organización, cada uno tiene objetivos distintos. Si eres especialista en Recursos Humanos, conocer sus diferencias es fundamental para el bienestar de tu cultura organizacional. Aquí te contamos todo lo que necesitas saber de cada proceso, sus ventajas, características y cuándo utilizarlos.
Tanto el onboarding como la inducción laboral, son excelentes formas de introducir a un nuevo colaborador a la cultura y objetivos de una empresa; sin embargo, muchos aún confunden o ignoran que se trata de dos procesos diferentes, cada uno con funciones y fines específicos.
Para entenderlo de forma general: mientras la inducción se basa en la orientación inicial y en la familiarización del colaborador con su nueva empresa, el onboarding es un proceso más completo, centrado en la integración a largo plazo, como por ejemplo, que conozca sus oportunidades de desarrollo, las metas del negocio o la forma de vivir los valores corporativos en su día a día.
Pero, ¿cuándo usar uno u otro?
La respuesta puede ser confusa, incluso para los más experimentados. Por esta razón, en este artículo hablaremos de las diferencias más importantes entre onboarding e inducción, sus características, ventajas y mejores formas de implementarlos con ayuda de herramientas útiles.
La inducción es un conjunto de actividades que se enfocan a orientar durante los primeros días a los nuevos colaboradores. Su objetivo es informativo y las actividades involucradas se llevan a cabo en un corto plazo.
Sus características son:
📚 Aprende más en: ¿Cuáles son las etapas de inducción laboral?
Por su parte, el onboarding es un proceso mucho más complejo y largo que la inducción. Su objetivo es acompañar al nuevo colaborador hasta que alcance su máximo potencial, se sienta parte de la cultura y domine sus funciones.
No hay reglas escritas en piedra para desarrollar un proceso de onboarding, pues cada empresa es distinta y tiene diferentes necesidades; sin embargo, creemos que existen cinco etapas imprescindibles que pueden ayudarte a crear un proceso inolvidable para tus nuevos colaboradores:
La experiencia comienza desde que el candidato acepta la oferta. El objetivo aquí es reducir la ansiedad del primer día y agilizar procesos administrativos.
El primer día debe centrarse en el sentido de pertenencia, no solo en la información técnica.
Una vez superados los nervios iniciales, el colaborador necesita entender las reglas del juego.
En esta fase, el foco se desplaza hacia la productividad y el rol específico.
El onboarding no termina hasta que el colaborador es totalmente autónomo.
Como ya te habrás dado cuenta, el onboarding es un proceso que va mucho más allá que la inducción, es un proceso largo, que puede durar desde un par de semanas, hasta un año completo. Es un proceso organizado, con diferentes etapas y personalizado a cada colaborador. Busca mejorar la experiencia del nuevo talento, para que la transición a la nueva empresa y al nuevo puesto sea lo más sencilla posible.
En cambio, la inducción es una capacitación que se da de forma general, para esclarecer el panorama organizacional durante los primeros días. Este proceso es mucho más breve, suele durar de uno a tres días.
Cabe mencionar, que esto no le resta relevancia a la inducción, ambos procesos son muy importantes para asegurarse de que los nuevos colaboradores comprendan la cultura organizacional de la compañía.
Recuerda que la llegada del colaborador siempre debe incluir un proceso de onboarding debidamente estructurado que incluya la información general durante los primeros días (inducción).
La inducción y el onboarding son básicos para los equipos de Recursos Humanos, pues su propósito va más allá de dar a conocer la organización, es generar un impacto positivo en la satisfacción de los nuevos colaboradores. La combinación adecuada de ambos procesos puede contribuir significativamente a la integración exitosa y el desarrollo continuo de los empleados en una organización.
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